TERIYAKI
Nápoles · 1987 → Bogotá · Hoy
No hemos cambiado una sola proporción desde que el bisabuelo Vincenzo cultivó la primera masa madre. Porque la prisa es el único enemigo de lo excepcional.
No somos un restaurante de moda.
Somos una obsesión que lleva un siglo sin resolverse.
En 1987, Vincenzo Ferrante plantó en tierra napolitana una semilla invisible — un cultivo de levaduras salvajes que se alimentaría de harina y agua cada día sin excepción. Hoy, esa misma entidad biológica respira bajo nuestro techo en Bogotá, viajó protegida en un jarrón de terracota a través del Atlántico, y ha sido dividida y alimentada por cuatro generaciones de manos que se negaron a usar atajos.
La pizza napolitana auténtica no es una técnica. Es un acto de fe. Cada disco de masa que sale de nuestras manos ha fermentado exactamente 72 horas, se ha cocido en exactamente 90 segundos a exactamente 450°C sobre piedra volcánica del Vesubio, y ha sido construido con ingredientes que tienen su origen certificado en la Campania italiana. No hay sustitutos. Nunca los hubo.
Cada capítulo, una decisión que definió quiénes somos hoy.
Los Tanaka abren su pequeño fogón en La Candelaria con apenas cuatro mesas y la receta centenaria del teriyaki familiar.
El boca a boca los convierte en secreto de culto. Se trasladan a una casona de Chapinero donde el horno de barro y el tatami dialogan con la estética colombiana.
Teriyaki se redefine como santuario nikkei. La nueva generación fusiona técnicas niponas con ingredientes del Pacífico y los Andes.
Con el mismo fuego encendido hace tres décadas, Teriyaki sigue siendo el hogar donde Oriente y América se dan la mano.
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Hay restaurantes que fabrican comida. Nosotros fabricamos convicciones. Estos son los tres principios que nunca hemos negociado en 100 años de historia.
Cada pieza se lacaba con la dulzura umami que solo la paciencia y el fuego otorgan. Una capa de sabor que sella la frescura del instante.
El corte es un diálogo silente con el producto. La precisión que honra la vida del mar y la tierra.
En Teriyaki, cada mesa es un altar de encuentro. La calidez de Bogotá se sirve junto a la tradición nipona.
Donde el umami de Oriente se funde con la niebla bogotana.Conoce nuestro arte →